TradingKey - Michael Burry, la persona real detrás de la película "La gran apuesta" y un destacado inversor en corto, publicó en redes sociales una dura crítica a la iniciativa propuesta por la directiva de OpenAI y Anthropic para "desacelerar la investigación y el desarrollo de la IA de frontera", argumentando que las declaraciones son abiertamente interesadas y que su verdadera intención podría no ser controlar los riesgos tecnológicos, sino proteger la posición de mercado de los líderes del sector y construir una narrativa más atractiva para posibles IPO.

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La controversia se origina en un extenso artículo publicado anteriormente por el CEO de Anthropic, Dario Amodei. Amodei advirtió que, a medida que las capacidades de los modelos siguen aumentando, el ritmo al que los sistemas de IA participan en el desarrollo de la IA de próxima generación se está acelerando, y riesgos como los ciberataques, la pérdida de control de los modelos y la automejora recursiva podrían superar las capacidades actuales de gestión del sector. Por lo tanto, las empresas de IA de frontera necesitan controlar adecuadamente el ritmo de mejora de las capacidades con el fin de ganar tiempo para las evaluaciones de seguridad y los mecanismos regulatorios.
Amodei propuso que Anthropic incorpore equipos independientes de evaluación de terceros y les otorgue un acceso a los sistemas similar al de sus empleados a tiempo completo, lo que incluye equipos de oficina, herramientas internas y entornos de evaluación de modelos similares a los del equipo de riesgos de la empresa. Estas organizaciones externas se encargarán de verificar si las empresas cumplen sus compromisos de seguridad, auditar los procesos de entrenamiento de los modelos y notificar posibles incidentes. Amodei también hizo un llamamiento a otros laboratorios de IA líderes para que adopten medidas similares e instó a empresas y gobiernos a establecer estándares de seguridad más amplios en torno a los modelos de frontera.
Posteriormente, el CEO de OpenAI, Sam Altman, expresó públicamente su apoyo a esta propuesta. Afirmó que otorgar a las organizaciones independientes de evaluación un acceso similar al de los empleados es una propuesta valiosa y que OpenAI adoptará el mismo acuerdo. Del mismo modo, el fundador de xAI, Elon Musk, se mostró de acuerdo con la evaluación de los riesgos de la IA realizada por Amodei.
Michael Burry ofreció una explicación radicalmente distinta al respecto. En primer lugar, cuestionó cómo definen estas empresas la "inteligencia artificial", al argumentar que los grandes modelos de lenguaje actuales son meros sistemas técnicos que dependen de cantidades masivas de datos y recursos de cómputo para realizar predicciones: no constituyen una inteligencia general artificial en sentido estricto ni evolucionarán de forma natural hacia la IAG. Desde la perspectiva de Burry, si los LLM existentes no poseen las capacidades de inteligencia autónoma descritas por estas compañías, la afirmación de que "la tecnología es demasiado potente, por lo que debe ralentizarse el desarrollo de forma proactiva" resulta sospechosa en sí misma.
Además, Burry sostiene que las iniciativas para ralentizar la I+D podrían servir como una herramienta para que los líderes del sector consoliden sus ventajas competitivas. OpenAI y Anthropic ya han acumulado ingentes recursos de cómputo, talento, datos de entrenamiento y respaldo de capital, mientras que los modelos de código abierto y las empresas emergentes de IA están reduciendo la brecha rápidamente. Si los reguladores elevan el umbral para el entrenamiento de modelos y las evaluaciones de seguridad basándose en las normas propuestas por los líderes del mercado, los competidores con capital y capacidad de cómputo limitados asumirán mayores costes de cumplimiento, lo que facilitará aún más que los gigantes consolidados mantengan su dominio.
En otras palabras, Burry no considera que este debate sea una mera discusión sobre la seguridad tecnológica, sino más bien una competencia comercial por el poder de fijar las reglas de la industria. Las empresas que poseen modelos punteros enfatizan los riesgos, por un lado, mientras participan en la elaboración de marcos regulatorios, por el otro. Las normas resultantes pueden terminar favoreciendo a los actores consolidados con abundante financiación y madurez tecnológica, al tiempo que restringen la capacidad de los nuevos competidores para desafiar la estructura del mercado.
Las IPO también constituyen un foco central de las críticas de Burry. Considera que las empresas de IA que aún no han alcanzado una rentabilidad estable necesitan demostrar ante los mercados de capitales que su tecnología es irremplazable, y declarar que "nuestro modelo es tan potente que podría resultar peligroso" refuerza precisamente la percepción de escasez y liderazgo en el sector. Esta narrativa no solo atrae la atención del mercado, sino que también ayuda a las empresas a mantener valoraciones más elevadas antes de una IPO. A su juicio, presentar las capacidades tecnológicas como una amenaza potencial que requiere coordinación global para ser controlada podría ser, en esencia, una forma de promoción más sofisticada.
Burry también sospecha que la denominada ralentización voluntaria de la I+D podría ser una forma de buscar una explicación más favorable para la desaceleración natural del crecimiento del sector. El entrenamiento de modelos de vanguardia exige cantidades cada vez mayores de GPUs, electricidad, centros de datos y capital; sin embargo, persiste una incertidumbre significativa sobre si las mejoras marginales en el rendimiento del modelo podrán seguir el ritmo del aumento de los costes a largo plazo. Si el progreso tecnológico empieza a frenarse, la captación de fondos se vuelve más difícil o se retrasan los planes de salida a bolsa, las empresas pueden presentar una desaceleración forzada como la adopción proactiva de sus responsabilidades de seguridad.