Los bancos japoneses cuentan con bases de capital suficientes y bases de financiamiento estables para soportar diversas situaciones de estrés.
Es necesario monitorear cuidadosamente el impacto en el sistema financiero de los riesgos geopolíticos, particularmente en relación con la situación en Medio Oriente.
Los préstamos de los tres principales bancos a Medio Oriente siguen siendo limitados, pero el impacto de los aumentos en los precios del petróleo crudo podría ser diferente según las regiones e industrias.
Las empresas no calificadas como grado de inversión, en particular, podrían verse afectadas; las probabilidades de incumplimiento tienden a aumentar en industrias distintas al sector energético.
Los costos de adquisición de materias primas de las empresas podrían elevarse, y podrían surgir efectos a través de las cadenas de suministro.
Es necesario prestar mucha atención a la posibilidad de que esto pueda tener un impacto en las posiciones financieras de las empresas.
El Banco de Japón (BoJ) es el banco central japonés, que fija la política monetaria del país. Su mandato es emitir billetes y llevar a cabo el control monetario y de divisas para garantizar la estabilidad de los precios, lo que significa un objetivo de inflación en torno al 2%.
El Banco de Japón se ha embarcado en una política monetaria ultralaxa desde 2013 con el fin de estimular la economía y alimentar la inflación en medio de un entorno de baja inflación. La política del banco se basa en el Quantitative and Qualitative Easing (QQE), o impresión de billetes para comprar activos como bonos del Estado o de empresas para proporcionar liquidez. En 2016, el banco redobló su estrategia y relajó aún más la política introduciendo primero tipos de interés negativos y controlando después directamente el rendimiento de sus bonos del Estado a 10 años.
El estímulo masivo del Banco de Japón ha provocado la depreciación del Yen frente a sus principales pares monetarios. Este proceso se ha exacerbado más recientemente debido a una creciente divergencia de políticas entre el Banco de Japón y otros bancos centrales principales, que han optado por aumentar bruscamente los tipos de interés para combatir unos niveles de inflación que llevan décadas en máximos históricos. La política del Banco de Japón de mantener los tipos bajos ha provocado un aumento del diferencial con otras divisas, arrastrando a la baja el valor del Yen.
La debilidad del Yen y el repunte de los precios mundiales de la energía han provocado un aumento de la inflación japonesa, que ha superado el objetivo del 2% fijado por el Banco de Japón. Aun así, el Banco de Japón juzga que todavía no se vislumbra la consecución sostenible y estable del objetivo del 2%, por lo que parece improbable un cambio brusco de la política monetaria actual.