El Banco Central Europeo (BCE) aumentó la tasa de la facilidad de depósito al 2.50%, la tasa de refinanciación al 2.65% y la facilidad marginal de crédito al 2.90%, con efecto a partir del 16 de septiembre. La decisión estuvo acompañada de una clara advertencia de que las perspectivas seguían siendo altamente inciertas, con riesgos inclinados al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento.
Las nuevas proyecciones de los expertos prevén que la inflación general promedie el 3.0% en 2026, el 2.5% en 2027 y el 2.1% en 2028. La previsión para 2026 no cambió con respecto a junio, pero las proyecciones para 2027 y 2028 se revisaron al alza. Se espera que la inflación excluidos la energía y los alimentos se mantenga por encima del objetivo, con un promedio del 2.5% en 2026, del 2.6% en 2027 y del 2.3% en 2028.
Lagarde afirmó que la economía estaba demostrando ser resiliente, respaldada por el consumo, la inversión pública y la recuperación de los servicios. Además, la actividad manufacturera sigue siendo sólida, la confianza del consumidor se ha recuperado y el mercado laboral es robusto, aunque el crecimiento del empleo se está ralentizando. Las perspectivas de crecimiento a corto plazo han mejorado, y se espera que la inversión empresarial y residencial proporcione un apoyo adicional.
Sin embargo, el banco central se enfrenta a un difícil shock energético: se espera que los precios más elevados se transmitan a la inflación subyacente y a los costes de los alimentos, mientras que un empeoramiento del conflicto, las interrupciones del suministro o un invierno inusualmente frío podrían impulsar aún más los precios del gas. Por lo tanto, el BCE seguirá siendo dependiente de los datos y actuará reunión por reunión (como de costumbre), sin comprometerse previamente con una trayectoria de tasas concreta (como de costumbre).

En general
Esta es una subida de línea dura, pero persisten los riesgos estanflacionistas. El BCE elevó las tasas porque espera que la inflación se mantenga por encima del objetivo durante más tiempo, incluso mientras han aumentado los riesgos para el crecimiento. La combinación de una demanda interna resiliente, unas previsiones de inflación más elevadas y la posibilidad de efectos de segunda ronda deja abierta la puerta a un mayor endurecimiento, aunque el Consejo de Gobierno esperará a contar con pruebas sobre cuán persistente será el shock energético.